Plaza de Coporaque, Cusco
viernes, 18 de septiembre de 2009
lunes, 31 de agosto de 2009
lunes, 10 de agosto de 2009
Las torres
La Catedral de Arequipa y la Iglesia de La Recoleta captadas desde el distrito de Yanahuara, Arequipa.
miércoles, 15 de julio de 2009
martes, 23 de junio de 2009
domingo, 31 de mayo de 2009
viernes, 15 de mayo de 2009
viernes, 10 de abril de 2009
jueves, 5 de marzo de 2009
domingo, 15 de febrero de 2009
Los caminos de Sogay
Este pueblo del distrito de Yarabamba tiene su magia. Es una zona de creciente turismo. Está próximo a la ciudad de Arequipa y cada vez hay mejores servicios para el visitante.
jueves, 15 de enero de 2009
martes, 30 de diciembre de 2008
lunes, 15 de diciembre de 2008
sábado, 15 de noviembre de 2008
viernes, 31 de octubre de 2008
jueves, 30 de octubre de 2008
martes, 30 de septiembre de 2008
sábado, 30 de agosto de 2008
miércoles, 30 de julio de 2008
lunes, 30 de junio de 2008
Crónica de la felicidad
No hay lugar en donde la felicidad pueda ser más plena, frente al mar o a la orilla de cualquiera de sus lagunas, como en Mejía. En este apacible pueblo costeño no nací pero desperté a la vida y aprendí de ella. Aquí conocí el mar y la arena y pesqué mi primer tramboyo. En sus pantanos supe de las chocas, de las lizas, los patos silvestres y las garzas; del tren del mediodía y las monedas deformadas por sus ruedas metálicas. En sus lomas mis canillas soportaron los latigazos de la ortiga y fue aquí, en este balneario en donde me gradué de niño llevándome manzanas de huertos ajenos. En la Chirisuya hice mi primer enigmático descubrimiento (aún no resuelto), un cementerio de gorriones muertos enterrados y atados por el cordel extraviado de un viejo pescador. Y en la quebrada de Chule recogí piedrecitas de colores que alimentó la nutrida y pesada colección de mi padre.Me bañé muchas veces desnudo con los amigos de la infancia en el Canal Madre y por ello casi terminamos una vez en la comisaría de manos del Gobernador. Disfruté de la historia de mi primer libro, Platero y Yo. Recuerdo, en esa época, haber sido llevado por mi padre a una librería de Mollendo, en donde estiré el dedo ante la vitrina para elegirlo y a donde hube de volver por otros, como Las aventuras de Tom Saywer, Las aventuras de Huckleberry Finn, Moby Dick, Las veinte mil leguas de viaje submarino, en el Nautilus y bajo el dominio del misterioso capitán Nemo.
No es la nostalgia de la infancia, son las extraordinarias experiencias que construyen nuestra identidad. De esas que marcan la vida y delinean los derroteros de la historia familiar y personal.
El tiempo, avanzó inexorable y dejó su huella. Y Mejía está impregnada en la memoria.
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